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Apocalypto. Un morboso y confuso declive maya

Discrepo con aquellos que articulan sus escritos de crítica cinematográfica en torno a la fidelidad histórica. El cine debe juzgarse en base a sus propios valores. Debo, por tanto, contenerme a la hora de abordar el análisis de lo último de Mel Gibson, Apocalyto, acerca de la etapa de desmoronamiento de la civilización maya, cultura por la cual tengo especial interés desde hace tiempo. Prometo que las alusiones que haga en ese aspecto no serán arbitrarias.

Porque podríamos empezar a hablar de las irregularidades a la hora de mostrar el proceso ritual de los sacrificios -el cual, por cierto, condiciona todo el argumento-, de una incomprensible yuxtaposición de épocas distintas (el pequeño shock que me dio al ver a los españoles llegando a las costas fue importante) o de otros errores menores, entendibles en tanto en cuanto el propio director reconoce que ideó el argumento por su cuenta y luego comprobó que no se distanciaba mucho de la realidad. Y es que si menciono todo esto no sólo es porque durante la mayoría del metraje me inundase una sensación de falsedad y de occidentalización, sino porque se atisba, tras esa pretendida intención de producto de entretenimiento –perfectamente válida-, un mensaje ambiguo y confuso que sí que forma parte de la dimensión intelectual del filme.

Una cultura tan compleja como la maya merecía un retrato más profundo si se iba a utilizar para insinuar que la conquista de los españoles, y por tanto la introducción del cristianismo, sirvió para revitalizar una cultura en franca caída y decadencia. A priori, la película tiene aspecto de mero filme de aventuras que se despreocupa del rigor histórico. Pero entonces, ¿a qué viene resaltar la veracidad del documento con uno de los dialectos maya? ¿A qué viene utilizar una cita que alude a que las civilizaciones sólo mueren cuando se pudren por dentro? ¿A qué viene sacar a unos redentores y pulcros conquistadores cuando los hechos que se cuentan, supuestamente ambientados en el período del declive maya, sólo podrían haber ocurrido siglos antes de la llegada de los mismos?

Entiendo que asociaciones varias se hayan molestado con la cinta, no porque se muestre a un pueblo que hace uso de la violencia –cosa que no se puede objetar-, sino porque parece ser lo único que les caracterizaba. Parecen un pueblo bárbaro, la verdad. El retrato costumbrista es muy superficial y si a eso le añadimos el proverbial trazo grueso del director, capaz sin problemas de subrayar una historia con líneas maniqueas, nos encontramos con un discurso simple y primitivo que da pie a múltiples malentendidos acerca de las causas y los efectos.

Lo que nos lleva a ese extraño instinto natural sangriento que se respira en cada nueva obra de Gibson. La crueldad, el dolor y la brutalidad son tan intensos y explícitos que me hace plantearme los motivos para tal ensañamiento. ¿Existe algún motivo, ya sea estético o ideológico, para ello? ¿Es puro morbo? Para alguien que estructura sus filmes partiendo del elemento violento, no parece haber reflexión, ni comentario.

Ciertos aspectos interesantes la salvan, en cierta manera, y hacen de ella una experiencia sugestiva. Cuando la cinta se decanta totalmente por la aventura y la pura supervivencia en la recta final, Apocalypto gana en interés. Con ritmo y vigor, Gibson pone atención a los detalles, sean gore o no, y es capaz de crear escenas destacables como la inicial secuencia de caza, la de la propia ceremonia ritual –y la ejecución posterior- o la que se produce en la cascada.

Todo ello, sin embargo, no la cualifica como paso adelante en la carrera del cineasta. Aquellos que no sientan desagrado por una extrema exposición de una violencia desmedida en estado bruto y que, además, desconozcan acerca de la cultura maya –o prefieran olvidarse de ella-, puede que disfruten de una película aceptable visualmente y conseguida en su progresiva estructura narrativa y desparpajo. En mi caso, la considero una oportunidad perdida de recuperar una cultura realmente seductora y apasionante.

Carlos Aguilar Sambricio

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