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Entonces pareció en Tikal el explorador inglés Alfred Maudslay

Entonces pareció en Tikal el explorador inglés Alfred Maudslay. Maudslay llegó el domingo de Pascua con un cuantioso convoy de mulas y un contingente de mozos mayas en calidad de cargadores y ayudantes en la tarea de despejar la selva. Fue el primer viaje de Maudslay por las ruinas mayas. Al inicio de su viaje había conocido a Sarg, quien lo había entusiasmado con “un relato de una ciudad en ruinas cerca de Flores que acababa de ser descubierta y todavía no había sido descrita, la cual se decía que era tan bella como Palenque”.

El trayecto desde Cobán hasta Tikal había requerido más de dos semanas. Maudslay estaba cansado y había tenido problemas estomacales durante varios días. Sus cargadores estaban renuentes a trabajar durante la Pascua y su primera reacción hacia Tikal fue de una franca falta de entusiasmo. Resulta en cierto modo alentador enterarse de que no todos los exploradores, al tropezarse con una ciudad “perdida”, se enjugan el sudor de la frente, dan un gran trago de su cantimplora y lanzan un prolongado “uau” de asombro: En general debo confesar que estoy muy decepcionado. La selva lo cubría todo. El trabajo de despeje estaría muy por encima de mis posibilidades y parecía haber pocas esperanzas de tomar fotografías que fueran satisfactorias. Indudablemente estaba en el sitio de una ciudad muy grande, más grande que cualquier cosa mencionada por Stephens.

Sin embargo al día siguiente su humor había cambiado. Sus mozos regresaron a trabajar y Maudslay comenzó el primerísimo intento de hacer un mapa y tomar fotografías de Tikal. Escaló una de las pirámides principales, probablemente el Templo I, asiéndose de raíces de árbol y enredaderas hasta que llegó a la cima y pudo apreciar las cresterías de los techos de otras pirámides que sobresalían entre el mar de selva y eran incluso más altas que aquella sobre la que se encontraba. Sus trabajadores hicieron avances notablemente rápidos y sus fotografías de Tikal habrían de revelar las proporciones verdaderamente impresionantes de la “Roma” del mundo maya.

Maudslay nació en Lower Norwood Lodge, cerca de Londres, Inglaterra, en el seno de una familia adinerada descendiente de Henry Maudslay. Estudió en el Royal Tunbridge Wells y en Harrow School. Más tarde continuó sus estudios de ciencias naturales en el Trinity Hall de Cambridge entre 1868 y 1872, donde se vinculó profesionalmente con John Willis Clark, entonces secretario de la sociedad británica Cambridge Antiquarian Society, que habría de impulsar su vocación por la exploración.

Después de graduarse Maudslay se trasladó a Trinidad para trabajar como secretario particular del gobernador William Cairns. Fue transferido más tarde con su jefe a Queensland y de ahí se mudó a Fiyi para trabajar con Sir Arthur Gordon, quien era el gobernador y estaba en campaña contra los indígenas que se rebelaban en contra del colonialismo inglés. Fue nombrado cónsul británico en Tonga y en Samoa. En febrero de 1880, Maudslay renunció al servico del gobierno británico para continuar su vocación de arqueología.

Fue en Guatemala donde Maudslay inició el trabajo arqueológico por el que hoy se le recuerda. Estuvo en los sitios arqueológicos de Quiriguá y Copán en donde, con el auxilio de Frank Sarg, otro arqueólogo británico, contrató trabajadores locales para limpiar e investigar las ruinas. Sarg llevó a Maudslay a las entonces recién encontradas ruinas de Tikal y le presentó a un guía local con conocimiento de la zona, Gregorio López. Maudslay fue el primero en describir el sitio de Yaxchilán.

En el curso de sus investigaciones, Maudslay fue pionero en la utilización de las entonces nuevas técnicas arqueológicas. Contrató al experto italiano Lorenzo Giuntini a fin de hacer copias de yeso al vaciado de piezas y artefactos que trasladó a Inglaterra y que hoy, junto con sus fotografías (negativos), dibujos, planos y descripciones de los lugares que visitó, forman parte de la colección del Museo Británico.

Maudslay hizo un total de seis expediciones a los yacimientos mayas. Los principales lugares que visitó fueron: Chichén Itzá, Copán, Tikal, Ixkún y Palenque. Trece años después de haber empezado su periplo por las ruinas mayas, publicó el resultado de sus trabajos en un compendio de cinco volúmenes llamado Biologia Centrali-Americana, en donde están incluidos muchos dibujos detallados y fotografías, así como un apéndice sobre los calendarios arcaicos escrito por Joseph Thompson Goodman.

En 1892, Maudslay se casó con una estadounidense llamada Anne Cary Morris. Viajaron juntos a Guatemala. Durante ese viaje hicieron trabajos para el Museo Peabody de Arqueología y Etnología de la Universidad de Harvard. Su relato fue publicado en 1899 con el título en inglés de Una mirada a Guatemala.

Maudslay solicitó permiso para hacer una investigación en Monte Albán, Oaxaca, México, pero cuando recibió la autorización sus finanzas no le permitieron llevar al cabo su proyecto. Intentó infructuosamente de encontrar apoyo económico del Instituto Carnegie. Los esposos Maudslay se trasladaron a la Ciudad de México, al barrio de San Ángel, donde vivieron por dos años.

En 1905, Maudslay inició la traducción de la obra de Bernal Díaz del Castillo, Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, que terminó el año de 1912. En 1907 retornó a Inglaterra en donde fue nombrado presidente del Royal Anthropological Institute of Great Britain and Ireland. También presidió el XVIII Congreso Internacional de Americanistas en 1912. Escribió sus memorias tituladas Life in the Pacific Fifty Years Ago que fueron publicadas poco antes de su muerte.

Alfred Maudslay murió en enero de 1931 en Hereford, Inglaterra.

Fuentes: wikipedia.org | Cuaderno de campo de Maudslay, 1881 | David Drew

 

 

 

 

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