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Un mundo de aves

Del total de las aves del Mundo Maya, más de las dos terceras partes son residentes permanentes -es decir, pasan toda su vida en la región, desde que nacen hasta que mueren- y el tercio restante son migratorias. De estas últimas, la mayoría viajan en primavera hacia los Estados Unidos y Canadá y retornan en otoño para establecerse en el trópico durante los meses fríos. Otras son sólo migrantes de paso, que hacen escala en la región cuando realizan su viaje anual de ida y vuelta entre Norte y Sudamérica. Otras más no abandonan el trópico y sólo realizan movimientos migratorios en el área del Caribe.  Un detalle curioso es que hay muy pocas especies endémicas.

La región es un verdadero paraíso para los observadores de aves. En Cancún -principal centro turístico de México- y sus alrededores se identificaron 241 especies. Ese total representa casi la mitad de las existentes en la mexicana península de Yucatán y cerca de la cuarta parte del país. En la diminuta isla del Contoy, al norte de Cancún -declarada santuario de aves debido a las enormes cantidades que ahí anidan-, se han registrado cien especies, a pesar de que ni siquiera hay agua dulce en el lugar.

Las aves más raras y características del Mundo Maya se encuentran en la selva. Las aves tropicales por excelencia son los psitácidos, como denominan los biólogos a loros, pericos, cotorras y guacamayas. Existe una veintena de especies, en su mayoría de vivo color verde, siendo excepcional la enorme guacamaya roja (Ara macao), inconfundible por su plumaje rojo con amarillo y azul en el ala. Hay también bandadas de chachalacas, de canto estridente, y numerosas aves canoras, como el tordo (Dives dives), el ruiseñor (Turdus grayi), cuyos trinos son especialmente melodiosos, y el cenzontle tropical (Mimus gilvus), que tiene la habilidad de imitar no sólo a otros pájaros sino inclusive a loros, perros y gallinas.

Entre las aves de rapiña destacan águilas, halcones, gavilanes, milanos, aguilillas, búhos y lechuzas, así como los pájaros carpinteros, mosqueros, abejeros, papamoscas, avisperos, hormigueros y otros muchos que se alimentan con los insectos y demás invertebrados abundantes en el trópico. También son aves de selva los tucanes, identificables por su pico descomunal. El mayor y más conocido es el tucán real (Ramphastos sulfuratus).

Las aves de la selva no son fáciles de ver, pues debido a los colores de su plumaje, muchas se confunden con la vegetación. Pero en la playa y sus cercanías es posible observar, además de los bien conocidos pelícanos, gaviotas y fragatas, cientos de llamativas especies de aves marinas, playeras, costeras y de humedales.

Tan ventajoso es vivir en la franja costera y los manglares que algunas aves se encuentran exclusiva o casi exclusivamente en esos sitios, y sólo a veces llegan tierra adentro. Así, en lugares donde aún hay vegetación silvestre habitan numerosas especies de palomas, colibríes, cardenales, chipes y otros pequeños pájaros. Se pueden observar también parvadas de numerosas especies popularmente llamadas correlones, costureros y vuelvepiedras.

Los flamencos son muy abundantes y su número sigue aumentando gracias a la protección que se le da en las reservas de la biosfera donde anidan. Los flamencos (Phoenicopterus ruber) forman grandes bandadas que constituyen un bello espectáculo por el contraste entre el vivo color rosado de su plumaje y el verde oscuro de la vegetación. Durante el año se desplazan a lo largo de la costa yucateca entre sus sitios de anidación -en la zona de Río Lagartos- y sus zonas de alimentación en el estero de Celestún.

A la mayoría de las aves de los humedales es muy fácil observarlas. La mejor época para verlas es la de sequía, de diciembre a abril o mayo, ya que al reducirse las masas de agua de los humedales aumenta la concentración de peces y otros organismos acuáticos que forman parte de su dieta, y ello hace que las aves se congreguen.

Hasta ahora no se ha podido hacer un conteo preciso o siquiera un buen cálculo aproximado del número de aves migratorias que pasan el otoño y el invierno en el Mundo Maya y los meses cálidos en Estados Unidos y Canadá, pero se estima que son probablemente entre mil quinientos y dos mil millones las que participan en ese portentoso movimiento anual. Tan sólo en los 1 500 kilómetros cuadrados de selva de la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an, en Quintana Roo (México), se instala probablemente un millón.

Algunas de las aves del Mundo Maya han sido seriamente afectadas por la deforestación e incluso están en peligro de extinción. Pero durante los últimos años se han hecho grandes esfuerzos por protegerlas. Las áreas naturales bajo supervisión ambiental como la Reserva de la Biosfera Maya, en Guatemala, la de Río Plátano, en Honduras, las mexicanas de la costa de Yucatán, de Sian Ka’an, en Quintana Roo, de Calakmul y Laguna de Términos, en Campeche, de Centla, en Tabasco, y de El Triunfo y Montes Azules, en Chiapas, así como el santuario del mono aullador en Belize, garantizan la conservación de poblaciones importantes de la mayoría de las especies amenazadas.

El futuro de la avifauna del Mundo Maya no parece tan sombrío como algunos piensan.

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