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Las lenguas de la familia maya

Una de las grandes civilizaciones de la humanidad se desarrolló en Mesoamérica, área que abarca actualmente parte de México y de Centro América, durante un período aproximado de 3000 años (del 2000 a.C. al 1000 d.C.)

Esta gran civilización, la cultura maya, desarrolló una escritura jeroglífica y además alcanzó un gran desarrollo cultural, superior en muchas de sus expresiones a la de los pueblos europeos de la época.

Uno de los objetivos de este artículo es describir diversos aspectos etnológicos de esta extraordinaria civilización. Se menciona su organización socio-política, representada por sus ciudades–estado; se describirá el simbolismo de sus admiradas manifestaciones artísticas y arquitectónicas; se citarán sus conocimientos astronómicos, que les permitieron perfeccionar los calendarios solar, lunar y venusino; de sus conocimientos matemáticos, que les facultó para desarrollar el concepto del cero matemático, varios siglos antes que los europeos; y de su complicada escritura jeroglífica por medio de la cual detallan la historia y descendencia de sus reyes; se hará mención también de algunos aspectos lingüísticos de las lenguas de la familia maya. Otro objetivo de este artículo es describir las posibles causas del colapso del imperio maya, tema que todavía se mantiene como un enigma. Como bien lo señala Estrada (2000: 12)

“No hay una razón determinante de por qué, por ejemplo, la intensa actividad constructiva de la monumental ciudad maya de Tikal, en Guatemala, se interrumpió repentinamente, y su población se desvaneció como por arte de magia”.

Localización

Los mayas habitaron la región conocida como Mesoamérica, que abarca los estados sureños mexicanos de Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Tabasco y Chiapas; y en Centroamérica: Guatemala, Belice, El Salvador, el occidente de Honduras, e incluso, como lo menciona Velásquez (1997), hay investigadores que la extienden hasta territorios de Nicaragua y Costa Rica. El área maya mesoamericana puede dividirse en tres regiones: la norte, que incluye a Yucatán, el norte de Campeche y casi toda Quintana Roo en México; el área central, cuyo eje es el Petén en Guatemala y que se extiende desde Palenque, en México, hasta Copán en Honduras; y el área sur, que encierra los altiplanos y costas del Océano Pacífico de Chiapas y Guatemala, así como también las áreas
costeras de El Salvador y de Honduras.

Los mayas y su origen

Los arqueólogos han acumulado evidencia a favor de la migración de los primeros pobladores de América, desde Asia. Hoy se acepta la teoría de que nuestros ancestros pasaron, hace unos 70.000 años a.C., por el Estrecho de Behring, siguiendo al mamut y a otros animales, sus fuentes de alimento y vestimenta, véase a Velásquez (1997: 141).

Hace unos tres mil quinientos años, el hombre americano creó una civilización aborigen que se extendió en una amplia zona geográfica denominada Mesoamérica. Esta área geográfica ha sufrido ampliaciones y también reducciones, en el curso de dos períodos históricos sucesivos: el formativo o preclásico, con una duración de un milenio y medio; y el clásico, que duró seis siglos (tres corresponden a la fase temprana y tres a la fase tardía).

Para el estudio de la civilización maya, los investigadores han dividido su historia en tres períodos.

El preclásico, que abarca desde el año 2000 a.C. hasta el 250 de la era cristiana; el clásico, que se extiende desde los años 250 al 900 d.C., el período de mayor auge cultural; y el posclásico, del 900 al 1500 d.C., coincidente con la llegada de los españoles a América. En el preclásico se estructuran los rasgos característicos de la cultura maya, la agricultura se convierte en el eje económico, surgen las primeras aldeas y centros ceremoniales, y además se inician actividades culturales en torno a lo religioso.

El período clásico es marcado por un gran auge en todos los campos: desarrollo intensivo de la agricultura, avances arquitectónicos, aumento comercial, y se estratifica la jerarquía, tanto en lo político, como en lo social, religioso y militar. Se construyen en este período los grandes centros ceremoniales, con sus majestuosos templos–pirámide.

El período posclásico se inicia cuando cesa la actividad política y cultural de las grandes ciudades–estado mayas, debido probablemente a una crisis económica que tuvo efectos devastadores en la población, y desencadenó conflictos sociopolíticos. Este período se inició en el siglo X, y termina con la conquista española del siglo XVI, la cual da fin al proceso cultural de Mesoamérica, con los mayas sometidos y marginados en sus propios territorios.

Aspectos lingüísticos de las lenguas de la familia maya

Las lenguas indígenas mayas, habladas en los estados del sur de México, Guatemala, Belice y en partes de Honduras y El Salvador, tienen un origen o lengua común: el proto-maya, que de acuerdo con Saguil (1991), se debió hablar en la comunidad proto-maya de Huehuetenango, Guatemala, alrededor del año 2.600 a.C.

Rasgos comunes

Los idiomas mayas expresan las relaciones de sus hablantes con el cosmos. Por ejemplo en K´iche´, un simple saludo como “¿Cómo estás? Se dice “A utz a wach la”, que significa: “¿Cómo se encuentra su equilibrio cósmico, físico y espiritual?”, tomado de Muñoz (2004: 2).

Las lenguas mayas utilizan una serie de sonidos que se producen con la obstrucción del aire, después de su pronunciación. Se les llamaba sonidos globalizados, puesto que se cierra la glotis, ubicada al principio de la garganta. En cuanto a la gramática, estas lenguas centran su complejidad en el verbo. En la forma de contar, las lenguas mayas relacionan el número con la forma de lo que se cuenta.

Por ejemplo se dice tres (de las redondas) manzanas; cinco (de los largos) lápices. De acuerdo a Pérez–González (2003: 7), algunas de las palabras adoptadas por el español de Yucatán, de los idiomas mayas hablados en la península del mismo nombre, son: tuch se le dice al ombligo; buul o buules a los frijoles; but al relleno de un guisado; kúlen en lugar de siéntate.

Distribución geográfica

Las lenguas indígenas mayas, relacionadas genéticamente entre sí, se encuentran distribuidas por todos los países que actualmente constituyen Mesoamérica. En México, en los estados sureños de Tabasco, Chiapas y Campeche y en los estados peninsulares de Yucatán y Quintana Roo, se hablan nueve de las lenguas de la familia maya. Sólo en la península de Yucatán se encuentran alrededor de seis millones de hablantes mayas. En Belice, un 10% de sus 228.000 habitantes hablan la lengua maya–quiché, principalmente en la zona fronteriza con Guatemala. En Honduras, la etnia Chortí que habita los departamentos de Copán y Ocotepeque, mantiene su lengua maya, con un total de 2.000 indígenas.

Esta etnia se ubica también en Guatemala, en los departamentos de Chiquimula y Zacapa, fronterizos con Honduras, con una población aproximada de 60.000. En Guatemala, según Ajú (1990), el 65% de sus doce millones de habitantes es maya, y habla uno de los 21 idiomas mayas reconocidos, con sus respectivas diferencias dialectales. De estos idiomas reconocidos, las cuatro lenguas mayoritarias son el Quiché, con 10 variantes dialectales, hablado por alrededor del millón de personas; el Man hablado por unas setecientas mil personas, posee cuatro dialectos; el Cachiquel con siete dialectos, es la lengua de unas cuatrocientas mil personas; y el Queqchí, hablado por alrededor de unas trescientas cincuenta mil personas.

Diferencias etnolingüísticas

Una diferencia etnolingüística digna de mencionar, se da entre los hablantes de las lenguas Quiché y Queqchí. Debido a factores históricos, políticos y económicos, los hablantes del Quiché, de los departamentos del suroeste de Guatemala, valoran en demasía el español, y subestiman su idioma materno. Esta situación puede explicarse no como una preferencia de estos hablantes sino como consecuencia de la influencia de la cultura dominante de habla española. Los hablantes bilingües utilizan el español en los dominios político, religioso y económico y su lengua materna en el ámbito familiar. Por el contrario, los hablantes del Queqchí, que habitan los departamentos del noreste de Guatemala y en zonas de Belice, mantienen el monolingüismo más alto de Guatemala; los dominios de su uso son múltiples, y prefieren no hablar el español, aunque a veces algunos lo conozcan. Las razones de este acentuado monolingüismo se pueden explicar de varias maneras:

  1. La mayoría de sus vecinos hispanohablantes, hablan el Queqchí.
  2. Los religiosos y extranjeros que llegaron a esa zona del país, aprendieron la lengua de sus habitantes.
  3. Las instituciones estatales, como las universidades, han producido materiales en lengua Queqchí.
  4. Las emisoras de radio existentes transmiten regularmente programas en esa lengua.

Relaciones etnológicas

Como se mencionó en la ubicación geográfica de los mayas, éstos poblaron distintas áreas de México, Guatemala, Belice, El Salvador y Honduras. En esta diversidad de ambientes, probablemente los factores que aglutinaron a los mayas fueron su origen étnico y su idioma, lo que les permitió mantener una fuerte interacción entre los distintos pueblos mayas y, por ende, una cultura relativamente
homogénea.

Al igual que el resto de los habitantes de Mesoamérica (olmecas, mixtecas, toltecas, mexicas, teotihuacanes, zapotecas, totonacos), a partir de una tradición de cazadores y recolectores, los mayas gestaron una propia cultura individual, siguiendo los lineamientos de una gran civilización. No hay duda que recibieron la influencia de la cultura olmeca, que se desarrolló en la costa del Golfo de México, y que en el área maya encontró terreno propicio para que los elementos olmecas más significativos se desarrollarán: la astronomía, las matemáticas, la escritura, el calendario y los complejos arquitectónicos, que con los mayas alcanzan la máxima expresión.

Sin embargo, los mayas, a pesar de su origen común y su desarrollo paralelo en toda el área de Mesoamérica, no lograron constituir una unidad política, sino que se distribuyeron en grandes ciudades–estado independientes, aunque interrelacionados.

Organización socio–política

Las ciudades mayas fueron estados independientes entre sí, sin tener una unidad política. Cada una de ellas disponía de un gobierno propio, controlado por la figura de un jefe, sacerdote o ‘halachuinic’: el verdadero hombre. Era éste un gobierno teocrático. El poder político se transmitía por herencia, solo entre la clase de los nobles, y se requería de una preparación especial para ser un buen gobernante.

El que las ciudades–estado mayas fueran independientes aunque relacionadas, permitió la proliferación de sistemas constructivos y estilos arquitectónicos diferentes, fruto del gusto por la estética de cada uno de los grupos que mantenían el poder en cada estado. Por mucho tiempo se pensó que los sitios mayas no eran verdaderas ciudades, sino solo grandes centros ceremoniales a los que acudía la gente en peregrinación. Sin embargo, ahora se sabe que los conjuntos ceremoniales, con los templos–pirámide, estaban rodeados de miles de casas de habitación, según Navarro (2004: 9892).

A continuación, y siguiendo un orden geográfico, se describen aspectos históricos y detalles arquitectónicos de algunas de las más representativas ciudades–estado del área maya, citadas por Stuart (1992: 29).

Palenque: Se ubica en el estado mexicano de Chiapas. Comenzó a desarrollarse en el siglo cuarto d.C. y, a principios del siglo noveno, fue abandonada misteriosamente. Alcanzó su auge a finales del período maya clásico, desde el año 650 hasta el 750 d.C. Dentro de las edificaciones que se destacan, se encuentran el Palacio y el Templo de las Inscripciones, pirámide de nueve plantas en cuyos muros interiores se encuentran 620 jeroglíficos, esculpidos en bajo relieve, en piedra caliza.

Uxmal: Esta ciudad–estado se localiza en la península de Yucatán, México. Es reconocida porque en ella se localizan las construcciones llamadas la Casa del Gobernador, la Casa de las Monjas y la Casa del Mago, con sus impresionantes escalones.

Tikal: Se encuentra en plena selva del Petén, en Guatemala. En su período de mayor esplendor, entre los años 250 d.C. al 900 d.C., alcanzó una extensión de 125 kms2, con alrededor de 40.000 habitantes. Allí se construyeron los templos-pirámide de hasta veinte pisos de altura, la más alta construcción en la América pre-colombina.

Copán: Se sitúa en territorio hondureño. Se le considera una de las joyas de la cultura maya. Destacan las famosas estelas: grandes bloques de piedra caliza, de la Gran Plaza y la Escalinata de los Jeroglíficos.

Todos estos herederos de los antiguos mayas hablan uno de los treinta idiomas (nueve en México y veintiuno en Guatemala, Belice y Honduras) de la familia de lenguas mayas, relacionados todos entre sí, por tener un ancestro común: el Proto-maya.

Pedro Vargas Pérez
Revista InterSedes © Universidad de Costa Rica

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