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El sacrificio humano

La ideología del sacrificio entre los mayas
Sorprende saber que los sacrificios humanos fueron parte importante de la antigua religión y rituales mayas, pues al pensar en tan sangrientas ceremonias lo primero que nos viene a la mente son los aztecas o mexicas. Los primeros investigadores se esforzaron en recalcar esta diferencia cultural esencial entre los “pacíficos” mayas de las Tierras Bajas y las “brutales” civilizaciones del Centro de México, para lo cual incluso llegaron a decir que el sacrificio humano fue raro entre los mayas y que tuvo poca importancia. Hoy en día conocemos más profundamente la cultura del Clásico maya y, con el paso del tiempo, hemos encontrado más y mayores paralelos entre la religión azteca y la maya. Aquí pretendo demostrar que los más recientes estudios sobre la cultura maya del Clásico han abierto nuevas perspectivas a las interpretaciones sobre el significado y los motivos que hay detrás del ritual del sacrificio humano.

MÉTODOS DEL SACRIFICIO
La extracción del corazón, tan común entre los aztecas, aparece en pocos casos del arte maya. Los más famosos se encuentran en escenas de ascensión al trono de reyes de Piedras Negras, Guatemala. En la Estela 11 de este sitio se ve en la cavidad pectoral de un sacrificado un bulto de plumas o tal vez el adorno del cuchillo ceremonial utilizado en el ritual. Los sacrificados casi siempre parecen niños; la extracción de corazones de niños se ve también en varias escenas mitológicas en cerámica pintada. En algunas ocasiones, como en el caso de Piedras Negras, el niño muerto era colocado en una gran vasija de ofrenda, con los instrumentos rituales. Las imágenes aparecen solamente en escenas relacionadas con ascensiones al trono o inicios de calendarios rituales de los nuevos reyes, lo cual indica que el sacrificio de niños se realizaba en circunstancias bien definidas. El sacrificio de niños –encarnación de la pureza y la vida– también se dio en el Posclásico, en Yucatán, y en los primeros años de la Colonia.

 

Entre los mayas, la extracción del corazón, tan común entre los aztecas, aparece en unos cuantos casos, como en la Estela 11 de Piedras Negras, Guatemala, en que se ve, en la cavidad pectoral de un niño sacrificado, un bulto de plumas o tal vez el adorno del cuchillo ceremonial utilizado en el ritual.
Foto: Teobert Maler / Museo Peabody / Universidad de Harvard
Dibujo: Linda Schele


Otro método de sacrificio, reservado probablemente sólo para los prisioneros de guerra, fue la extracción de las entrañas. Esta vasija del Clásico Tardío muestra una de las escenas más terribles del arte maya: el sacrificio ritual de un prisionero atado a un cadalso de madera y un grotesco personaje que lo ataca con una lanza, mientras los músicos tocan tambores y trompetas.
Dibujo: Diane Griffiths Peck

Otro método de sacrificio, reservado probablemente para los prisioneros de guerra, fue la extracción de las entrañas. La imagen pintada sobre una vasija en que se ve un sacrificio ritual de un prisionero atado a un cadalso de madera y un grotesco personaje que lo ataca con una lanza, mientras los músicos tocan tambores y trompetas, es una de las escenas más terribles del arte maya. Los murales de Bonampak muestran también terribles imágenes de tortura ritual donde los indefensos cautivos tienen los dedos sangrantes y al menos en uno de los cadáveres se ven heridas que indican muerte por tortura. Se ve también la cabeza de una víctima que muestra cómo tortura y sacrificio podían ir juntos.

Los estudios más recientes sobre la cultura maya del Clásico han abierto nuevas perspectivas a las interpretaciones sobre el significado y los motivos del ritual del sacrificio humano. Escena de tortura y sacrificio de cautivos en el cuarto 2 de Bonampak, Chiapas.
Foto: Bonampak Documentation Project.


 

a) En los murales de Bonampak (muro norte, cuarto 2) hay terribles imágenes de tortura ritual.
b) Se ve, por ejemplo, a los cautivos con los dedos sangrantes.
Fotos: Bonampak Documentation Project

Los dos métodos de sacrificio más comunes entre los mayas fueron la decapitación y el despeñamiento de víctimas, atadas, por las escaleras de los templos. Esta última forma se menciona explícitamente en un diccionario colonial maya yucateco con el término cucul eb (literalmente: “rodar escaleras abajo”), definido simplemente como: “otro sacrificio antiguo”. En las inscripciones del Clásico se hacía referencia a esto como yal, “arrojar” a un cautivo. Esta práctica se puede ver en varias esculturas del periodo Clásico de Yaxchilán, donde los prisioneros asumen la forma de grandes pelotas ceremoniales, en un contexto en el que se recrea explícitamente la imaginería del juego ceremonial de pelota. En la escena más grande y compleja se ve al gobernante Pájaro Jaguar IV, como jugador de pelota, ante unas escaleras por donde cae y “rebota” un prisionero llamado Ik’ Chih, “Venado Negro”, señor de un reino llamado Lakamtuun (probablemente localizado frente al río Lacantún). Es poco probable que la escena ocurra realmente en una cancha; más bien, el lenguaje visual del juego de pelota se usa para representar el sacrificio de un prisionero de guerra. Hay un vínculo importante, y aún poco claro, entre el sacrificio y el juego de pelota; es recurrente en el arte y la arquitectura mayas, como por ejemplo en la escena de decapitación del juego de pelota más grande de Chichén Itzá. Allí, el paralelo visual se da más bien entre la pelota y el cráneo, y no con el cuerpo entero, como sucede en Yaxchilán.

LA IDEOLOGÍA DEL SACRIFICIO
Es interesante analizar con mayor atención la escena de Yaxchilán y examinar las largas inscripciones jeroglíficas que se encuentran bajo de las escalinatas de sacrificio. Se trata de uno de los textos religiosos más importantes de toda la región maya, pues da cuenta de tres acontecimientos mitológicos muy antiguos en los que ocurre sacrificio por decapitación. El texto se compone de tres secuencias de fechas y fragmentos que muestran idéntica estructura: 1) el verbo ch’ak-b’aah, “decapitar”, 2) el nombre de una deidad o figura ancestral y 3) un número ordinal (primero, segundo, tercero) antes de la palabra ahil, que tal vez significa “despertar” o, de manera más figurativa, “creación”. Si analizamos con atención los glifos para “decapitar” vemos que el signo inicial es ch’ak, “hacha de mano”, con un elemento parecido a un peine, ka, que nos da la terminación fonética de la palabra, “cortar”. El signo con cabeza de animal es b’aah, “topo” o “persona, cabeza, ser”. Juntos, nos dan el término común para “decapitación” en todas las inscripciones. Los tres fragmentos se leen así:

en 13 manik, 5 pax es la decapitación de [nombre 1], es la primera creación
en 9 kan, 12 xul es la decapitación de [nombre 2], es la segunda creación
en 1 ajaw, 13 xul es la decapitación de [nombre 3], son tres creaciones (juntas)

Resulta interesante que los tres acontecimientos estén separados por periodos muy largos: casi 120 años entre los dos primeros y 1 300 entre los dos últimos. Debe tratarse de acontecimientos mitológicos, lo cual se confirma por el final de una inscripción de Yaxchilán donde se lee: “sucedió en el lugar del hoyo negro”, término del Clásico maya para nombrar el inframundo o una parte de él.

La inscripción de Yaxchilán es importante porque muestra un claro vínculo entre el sacrificio por decapitación y la noción de “despertar” y de “creación”. La idea de que la muerte conduce a la formación de un nuevo orden es común en la religión y en la cosmogonía mesoamericanas, y podrían citarse varios ejemplos semejantes en otros textos mayas. En Palenque, por ejemplo, los tableros recientemente descubiertos en el Templo XIX se refieren a la decapitación mitológica de una gran criatura con rasgos de reptil, que al parecer inicia la creación de un nuevo orden político y religioso. Así, las inscripciones de Yaxchilán describen tres etapas mitológicas diferentes de la creación del mundo, según la cosmología del lugar, y al hacerlo convalidan y establecen el significado que hay detrás del ritual de sacrificio histórico que muestra la escena. Es decir, el rey Pájaro Jaguar participa directamente en el evento de “creación” a través del sacrificio del prisionero de Lakamtuun –y sin duda de otros más. El rey va vestido como jugador de pelota y su atuendo también tiene elementos asociados a la mítica “serpiente de agua”, deidad maya poco entendida que, en otras fuentes, parece estrechamente vinculada con el renacimiento y la renovación del mundo.

La inscripción de la escalinata del Edificio 33 de Yaxchilán tiene un texto de tres secuencias de información muy importante que muestran idéntica estructura y un claro vínculo entre el sacrificio por decapitación y la noción de “creación”. Registra tres sacrificios míticos.
Dibujo: Ian Graham

Una serie de retratos de Palenque refuerza la idea de que los prisioneros de guerra son investidos de un significado profundamente religioso y cosmológico. En uno de los patios del Palacio se ven varios relieves grandes, flanqueando las escalinatas de la Casa A, que muestran a prisioneros; dos de los cautivos principales muestran textos jeroglíficos en su ropa. En uno de los textos se lee: nahwaj yahil k’uhul baakal ajaw, “el ahil (‘despertar’ o ‘creación’) del sagrado señor de Palenque fue expuesto (?)”, y en el otro: nahwaj yahil kalomte’, “el ahil del gobernante supremo fue expuesto”. En ese momento de la historia de Palenque el rey era K’inich Janab Pakal, “Pakal el Grande”. La estructura de estos breves textos muestra claramente que la palabra ahil, que ya habíamos visto en Yaxchilán, se refiere a los prisioneros mismos (la exposición de cautivos es un tema común en otras inscripciones históricas de Palenque y otros sitios). Esto significa que los cautivos son descritos en algunos textos de Palenque como ahil, es decir, “creaciones” del rey. De este lenguaje se deduce que los desafortunados prisioneros son destinados al sacrificio, pues sólo a través de su muerte se puede cumplir el papel religioso y político del rey como aquel que perpetúa y ordena el cosmos.

Esta mezcla entre sacrificio, guerra y creación es también el tema central en Copán y Quiriguá, en el otro lado del mundo maya. Uno de los acontecimientos más importantes en la historia de esta región ocurrió el 3 de mayo de 738 d.C., cuando Waxaklajun Ub’aah K’awiil, entonces gran gobernante de Copán, fue derrotado y sacrificado por K’ahk’ Tiliw Chan Yopat, rey de Quiriguá, con lo que se preparó el escenario para el rápido apogeo de Quiriguá en el sureste maya. La trascendencia del acontecimiento resulta clara si vemos la relevancia que se le da en los textos de Quiriguá, que parecen casi ufanarse de la derrota de su vecino, que fue su opresor durante mucho tiempo. Sin embargo, resulta curioso que los escribas de Quiriguá nunca hablen de la captura o derrota del rey de Copán y se refieran solamente a su sacrificio con la expresión “decapitar”, la cual vimos antes en Yaxchilán. En una inscripción se dice que el sacrificio se realizó en el “lugar del hoyo negro”. En otras palabras, hay poca distinción entre este texto, que narra un sacrificio histórico, y los tres acontecimientos mitológicos de “creación” que vimos en Yaxchilán. El gobernante de Copán fue sacrificado en un ritual que, al parecer, fue una nueva representación de un acontecimiento mítico anterior. Resulta interesante que lo que en realidad es una lucha política y militar entre dos poderosos gobernantes se haya expresado en los registros oficiales en términos ideológicos de dioses y sacrificios.

En la Estela J de Quiriguá se cuenta que el 3 de mayo de 738 d.C., Waxaklajun Ub’aah K’awiil, gobernante de Copán, fue derrotado y sacrificado por K’ahk’ Tiliw Chan Yopat, rey de Quiriguá. Sin embargo, no se alude a la derrota del rey de Copán sino a su sacrificio –en el “lugar del hoyo negro”– con la expresión “decapitar”, al igual que en Yaxchilán .
Dibujo: David Stuart

REYES Y SACRIFICIOS
Otro tipo recurrente de sacrificio entre los antiguos mayas fue sangrarse y ofrecer la propia sangre a los ancestros, deidades y otras fuerzas cósmicas. Estos ritos de sangrado existieron, por supuesto, a lo largo y ancho de Mesoamérica, en diferentes sociedades. Eran particularmente importantes dado que la sangre era la sustancia de la vida y el alma. Entre los gobernantes y entre las elites (y a ellos se refiere la mayor parte de la evidencia directa), el sangrado tuvo mayor importancia, puesto que sus vidas y almas constituían dimensiones importantes del cosmos mismo. La sangre de los reyes, de acuerdo a la ideología maya, era la sustancia que daba vida y crecimiento a los elementos del mundo que nos rodea. Esto puede apreciarse en las escenas más explícitas de Yaxchilán, donde el sangrado se simboliza mediante torrentes adornados que brotan de las manos de los reyes. Estos torrentes son idénticos al glifo maya para sagrado o santo, k’uh(ul), y parecen representar la esencia interior del cuerpo del rey, que se vuelve visible a través del rito de autosacrificio. Debe hacerse notar que dentro de los torrentes están los glifos yax y k’an, “verde” y “amarillo”, que nos dan el sentido de “tierno” y “maduro”. La sangre del rey simboliza así la vitalidad del ciclo de la agricultura. Es claro que estos torrentes no son de sangre que fluye, como alguna vez sugerí, sino que representan la imagen del alma divina que reside en la sangre de los reyes.

En los últimos años, estas manifestaciones del poder de los reyes han sido más frecuentes en nuestras discusiones sobre la religión y la ideología política mayas. Pero se deben tener en cuenta las semejanzas y diferencias de estos rituales con los sacrificios de cautivos, como los que se han descrito aquí. Los gobernantes podían expresar su poder religioso a través de sus almas y su sangre, muy cargadas de simbolismo, pero también podían sacrificar a sus prisioneros para afianzar su posición como aquellos que encarnaban los procesos cósmicos de creación. Sacrificar a los prisioneros no es importante por la sangre o los corazones que se ofrendan, sino porque se sigue el antiguo ejemplo mitológico donde la destrucción conduce a la creación y a la perpetuación. El sacrificio fue uno de los acontecimientos primordiales en los mitos de creación mayas, y los rituales del periodo Clásico eran reflejo y evocación de esos acontecimientos.

Escrito por David Stuart
Traducción: Elisa Ramírez
Publicado en la revista arqueología mexicana.- vol. XI, número 63, pp. 24-29
©1993 Copyright Editorial Raíces S.A. de C.V.

3 de Respuestas para “El sacrificio humano” Deje un comentario ›

  • muy buenos datos sobre los sacrificios mayas

  • soy historiador del colegio de HISTORIADORES DE LEÓN GTO. ademas de medico pediatra urgenciologo y capitán del ejercito y la cultura maya es una de mis principales ocupaciones profesionales todo de ellos me interesa y buscaba algo de Calakmul cuando encontré esta página me parece por demás interesante. Saludos y felicitaciones.

  • Haa. Una pregunta como fue de la arquitectura ase tiempo

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